Receta:
- Carne para 4 (entraña, bife o vacio. Inclusive asado de tira)
- Chorizos y Morcilla. (Cinco unidades de cada uno)
- Ensalada: tomate, cebolla blanca, lechuga, aceite de oliva, sal y pimienta. (Abundante, como para ocho o diez personas).
- Pan (varias piezas)
- Vinos: Tantos como sea posible. Se les pide a los comensales que cada uno traiga una botella, aun que esto no se cumpla a raja tabla, tampoco es determinante para la asistencia.
- Invitados: amigos, colegas, vecinos, familiares e incluso enemigos. Aproximadamente entre diez y doce.
Se juntan los comensales. Algunos llegan más temprano, casi todos justo a la hora. Se pone el carbón y algo de leña, pero dosificado para que el fuego se haga lento. El humo hace que empiece a sentirse en el paladar el recuerdo del último asado al que se ha ido y la tertulia no hace otra cosa más que tratar de olvidar las penas, las deudas y otros dolores. Se abre la primera botella de vino. Se pone en la parrilla el primer corte de carne, uno jugoso pero pequeño (lo suficiente y justo como para que cada uno coma un bocado). A la mesa se pone el pan y la ensalada (abundante de ser posible, el pan puede ser recalentado o tostado de no haber pan fresco). Se saca la carne ya cortada en trozos, lo más jugoso posible (de término medio a tres cuartos) para que la gente remoje los trozos de pan en el jugo que queda en el plato y se acompañe con la ensalada si hay, se puede servir fritas (papas) para ir aplacando el hambre, que ya gruñe en los estómagos, pidiendo algo más. Se ponen los chorizos y morcillas, en ese instante el humo y el olor de los embutidos comienzan a causar estragos en más de uno, muchos quieren atacar la parrilla. Se tranquiliza a la población sacando los primeros chorizos para fabricar (cada uno a su estilo) el anhelado choripan (pan con chorizo). Ha de estar listo el chimichurri para que el clásico choripan se cumpla en todo su rigor. En ese momento, cuando todos están demasiado ocupados con sus propios deberes, se pone al fuego el mejor corte (que quizás era el último que le quedaba al carnicero) lo sella, lo deja broncearse y lo saca justo antes de que sangre y se seque. Lo sirve y se toma un vino, ya deben de ir como 6 botellas de vino abiertas. El hambre ha sido resulto a punta de pan, ensalada y de ser posible las fritas (papas), ese último corte de carne les llega como regalo del cielo, nadie repara en si el corte era el indicado o si la vaca estaba vieja o muy joven. Todos aplauden al asador, el vino los hermana, la carne los reúne y hasta las penas (a pesar de la absurda competencia que se establece por ver quien la está pasando peor) se dejan de lado. Alguien pone la pava (hervidor) en la hornilla (cocina) para el mate.
Asador: Ezequiel Furgiuele. Buenos Aires, enero del 2002.
La Estrategia:
Consistía en proporcionar al entorno más cercano “algo” que ansiaban, que necesitaban para no sentirse totalmente perdidos. Ese “algo” no era un trozo de carne, era algo mucho más transcendental en sus vidas, ciertamente volátil e intangible pero contundente y constitutivo: el ritual. Hacer uso de elementos cotidianos para evocar tiempo pasados (siempre mejores) y entre bromas (siempre tremendistas y algo oscuras) invocar mejoras para el futuro.
domingo 9 de marzo de 2008
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